Ahogado se define como la muerte por sofocación después de inmersión en un medio líquido. Casi-ahogado es un término usado cuando un paciente se recupera, al menos temporalmente, del episodio de inmersión. Las víctimas que son resucitadas después de la inmersión, pero fallecen dentro de las primeras 24 horas, se clasifican finalmente como ahogados.

El ahogamiento secundario se refiere a los pacientes que inicialmente han sobrevivido a un evento de inmersión, pero después fallecen por las complicaciones de este episodio. La mayoría de estos pacientes fallecen por fallo respiratorio agudo, infecciones pulmonares secundarias, síndrome de distres respiratorio agudo y trastornos neurológicos severos, estos últimos son la complicación más frecuente de los que sobreviven, secundaria a la lesión hipóxica cerebral inicial.

Los accidentes por inmersión pueden clasificarse en ahogamiento líquido y ahogamiento seco . Cuando la víctima se sumerge suspende la respiración hasta que el pánico empieza. En aproximadamente el 15% de las víctimas , el laringoespasmo severo previene la aspiración de agua. Sin embargo , en la mayoría de los casos ocurre el ahogamiento líquido y el paciente aspira el agua en el cual esta sumergido. Tanto el agua dulce como el agua salada tienen el efecto de diluir el surfactante pulmonar y producir edema pulmonar no cardiogénico. Las diferencias de la fisiopatología de la aspiración del agua dulce o salada no es tan importante como la temperatura del agua y los posibles contaminantes que contiene

Todos los veranos, los titulares de los periódicos suelen reflejar una realidad que nos inquieta año tras año: los ahogamientos y accidentes en las piscinas. Tan solo en España el año 2016 fallecieron 437 personas por este motivo, siendo, además, significativo el número de personas que quedaron con secuelas permanentes. Del total de fallecidos el 80% fueron hombres.

Parece claro que la mayoría de estos sucesos se producen en el seno familiar ( la piscina de casa, de los amigos, de los abuelos…). En las públicas suele haber mucha gente e incluso algún socorrista titulado que esta al tanto, no obstante es posible el descuido y este tipo de accidentes también ocurren en ese ámbito.

El primer mito con el que se debe acabar es la percepción de que las personas que se están ahogando avisan, bracean y gritan. El ahogamiento es en silencio y rápido”. El ahogamiento dura uno o dos minutos como máximo, es una lucha silenciosa por tratar de respirar y es muy sutil. Es el tiempo de una llamada de teléfono, de perder de vista a un niño que empieza a andar y que puede acabar en la piscina. Una piscina sin vigilancia y con niños pequeños es tan peligrosa como un arma cargada en casa. Los peligros que producen miedo a la gente y los peligros que matan a la gente son muy diferentes”

DIEZ NORMAS BÁSICAS PARA EVITAR EL AHOGAMIENTO INFANTIL

Los más pequeños –menores de entre 2 y 4 años– son quienes sufren las peores consecuencias de la que es ya segunda causa de muerte infantil en España y tercera en el mundo.¿Cómo evitar este tipo de accidentes?

  1. En primer lugar, los expertos recomiendan elegir piscinas acondicionadas con medidas de seguridad. Es importante la presencia de un socorrista en cualquier entorno acuático y que la piscina esté protegida con un cercado perimetral que impida a los niños llegar solos al agua. Además recomiendan extremar el cuidado en las piscinas hinchables, peligrosas por la falsa sensación de seguridad que producen.

  2. No se debe delegar la vigilancia a otros niños más mayores. Han de ser los adultos quienes se ocupen de cuidar de los menores.

  3. Es más recomendable el uso de chalecos salvavidas que el de flotadores hinchables, ya que estos son sólo sistemas de flotación. Pueden pincharse o desinflarse y dejar al niño desprotegido en el agua.

  4. Aunque los niños sepan nadar, no conviene sobreestimar su capacidad «por muy experto que sea». Se cansan más rápido que un adulto y corren el riesgo de hundirse.

  5. Fuera móviles. Son un entretenimiento que despista a los progenitores de cuidar la vigilancia de los niños. Los expertos además recomiendan organizarse en turnos para no dejar de observarles.

  6. Los niños chapotean, gritan y juegan en el agua. El silencio absoluto no puede confundirse con la tranquilidad, sino que debe alertarnos de que algo ha podido ocurrir.

  7. Revisar que las cubiertas de drenajes y desagües estén en buen estado de conservación y sus orificios sean inferiores a 8 milímetros. Además se debe enseñar a los niños a no acercarse a ellos. El cabello largo suelto, la ropa de baño holgada, colgantes, cadenas y cuerdas de cualquier tipo pueden ser succionados y dejar al niño atrapado bajo el agua sin poder salir. También puede sacarnos de un apuro conocer la ubicación del apagado eléctrico de la piscina para actuar rápido en estos casos.

  8. El extendido mito de que sólo se necesitan 27 segundos para que un niño se ahogue no es del todo cierto. Puede ocurrir incluso en tan sólo 10 segundos. Para evitarlo, los expertos recomiendan seguir la regla del 10/20, que consiste en mirar a la piscina cada diez segundos y estar disponibles para llegar antes de 20.

  9. No resulta peligroso utilizar balones hinchables y otros elementos de juego dentro del agua, pero sí deben retirarse una vez que los niños hayan salido de la piscina para que ninguno sienta la tentación de acercarse a por uno de ellos a la orilla: pueden caerse al agua en uno de esos intentos.

  10. Diez centrímetros de líquido son suficientes para que un niño se ahogue. Así que incluso cuando parece imposible que pueda ocurrir, hay que permanecer alerta. Los niños menores de cinco años son el grupo de mayor riesgo de ahogamiento ya que no tienen ninguna conciencia del peligro que encierra el agua.

Siempre que un niño haya sufrido un ahogamiento en una piscina o en la playa, por más que recupere la conciencia rápidamente y lo veamos bien, hay que llevarlo a un centro hospitalario inmediatamente” y tiene que ser evaluado y en su caso tratado por un especialista. Recordar que el ahogamiento es un drama en dos minutos en un ambiente previamente feliz y que su prevención se basa en la vigilancia continua de los menores a nuestro cargo.

No existe el ahogamiento seco o secundario que tanto asusta a los padres.¿Pero, qué moda es esta?

Pues un invento posmoderno, en plena era de internet y de la posverdad, donde no podía faltar un posahogamiento como forma de asustar a los padres incautos y temerosos y darles algo por lo que sufrir cuando todo iba bien. No existe el ahogamiento secundario y menos si no se ha ahogado primariamente. ¿De dónde ha salido, pues está teoría?.

Nadie que haya sufrido un accidente en el agua y que se haya recuperado le va a pasar nada a los pocos días, salvo que se vuelva a ahogar o que no se haya recuperado convenientemente del ahogamiento previo que siempre ira acompañado de una serie de síntomas que obligan a mantener al niño en observación a cargo de los profesionales sanitarios que han asumido la responsabilidad del proceso

Las redes sociales reciben de vez en cuando bulos que se distribuyen como el aceite con gran viralidad y que por lo que se ve todo el mundo parece plantearse si es verdad o no. Pero, ¿y si se ahoga en seco?

Tragar agua por una aguadilla lleva a tener un empacho, probablemente una vomitona o diarreas, pero nada más. El agua se ha ido al estómago y si puede digerirla pasará y si no, saldrá por algún lado, por arriba o por abajo.

Otra cosa es cuando se aspira el agua de la piscina, rio, mar o bañera, el agua va a los bronquios e impide la respiración. Entonces el niño tiene dificultad para ventilar y sobre todo tose para conseguir sacar toda el agua de sus bronquios. Si esto cede en unos minutos y el niño vuelve a respirar correctamente, solucionado el caso y ya no puede haber más complicación. Episodio terminado. Habrá que tener más cuidado otra vez.

El problema viene cuando el agua que ha pasado a los pulmones, aun no siendo excesiva, le impide respirar y pierde el conocimiento, deja de toser o directamente se le saca del agua ya sin sentido, entonces tenemos el drama. Hay que hacer maniobras de resucitación para intentar sacar la mayor parte de agua posible, hasta poner incluso al niño con los pies hacia arriba y cabeza colgando para que salga todo (esto es una ventaja en pediatría que no se puede hacer siempre en el adulto por razones obvias de tamaño) y que recupere el conocimiento y la capacidad de toser.

¿cuándo podemos decir que ya está recuperado y que el episodio no se complicará? Quizás la tos sea nuestro mejor aliado en este caso. Si el niño ahogado y recuperado sigue tosiendo o sigue mareado porque el oxígeno no le llega bien al cerebro y está confuso y adormilado quiere decir que todavía queda líquido en sus pulmones y no se le puede dar de alta en urgencias. Puede complicarse con el paso de las horas. Esa tos persistente horas después del susto, como de atragantado, nos debe hacer sospechar que algo no va bien, esa modorra y decaimiento excesivo no es un ahogamiento secundario, que ya sabemos que no existe, es ese ahogamiento primario que todavía no se ha resuelto del todo. Así que hasta que el niño no deje de toser y se encuentre normal y contento, con ganas de volver a jugar , no diremos que ya se ha acabado el accidente y en ese momento ya no hay posibilidad de vuelta atrás, ya se acabó.

Recomendaciones del Servicio de Urgencias Canario (SUC) para evitar que una persona se ahogue. 

ya que los ahogamientos son, según la OMS, la tercera causa de muerte no intencional en el mundo.

Si acudimos a la playa, es imprescindible respetar las señales que indican si es apta o no para el baño y seguir las indicaciones de los socorristas en caso de que los hubiera. Cuando queramos bañarnos, es recomendable entrar en el mar poco a poco para evitar los cambios bruscos de temperatura y una vez dentro evitar las zonas de corriente y salir rápidamente del agua ante cualquier síntoma de malestar.

Una vez en el agua tenemos que estar alerta a la aparición de determinados síntomas que nos indican que hay que salir inmediatamente del mar. Así, si una persona siente escalofríos o tiritona persistente acompañado de enrojecimiento de la piel; si tiene sensación de fatiga, dolor de cabeza o pinchazos en la nuca; picores en el abdomen, brazos y piernas; sensación de vértigo, mareo o zumbidos en los oídos; visión borrosa o en “lucecitas o destellos en la visión”; y calambres musculares o dolores articulares, debe pedir ayuda y salir del agua lo más pronto posible.

En caso de que vayamos a la playa con niños hay que extremar las precauciones vigilando siempre al niño cuando estén en el agua o jugando cerca de ella, y si acudimos con personas mayores o que padezcan algún problema de salud, debemos acompañarlas siempre a la hora de darse el chapuzón.

Si a pesar de tomar estas medidas preventivas se produce un ahogamiento o síndrome por inmersión, lo primero que tenemos que hacer es aplicar la conducta PAS (Proteger, Alertar y Socorrer), clave en cualquier situación de emergencia.

En primer lugar, tomaremos las medidas necesarias para que la situación no empeore como pueden ser alertar a los socorristas en caso de que los hubiera. La persona que lo vaya a auxiliar debe ser un buen nadador y siempre que sea posible acudirá al rescate con algún objeto que flote (tubo de rescate, salvavidas, tabla de surf…).

Al mismo tiempo que se protege el incidente de esta forma es necesario alertar a los servicios de emergencias, a través del teléfono 1-1-2, con el fin de garantizar que la ayuda sanitaria o de otro servicio de salvamento llegue cuanto antes.

Mientras los recursos de emergencia llegan al lugar es vital que la persona que se encuentre en el lugar del incidente inicie los primeros auxilios y socorra al afectado, siguiendo las indicaciones del médico coordinador del SUC que les atenderá a través del teléfono 1-1-2.

Rescate seguro

El SUC recuerda que es muy importante la forma de acercarse a la víctima. Si la persona está consciente, hay que hacerlo por detrás para evitar que, con la situación de pánico, la víctima se agarre al socorrista y terminen hundiéndose los dos. Hay que pasar los brazos por debajo de las axilas de la víctima, sujetándola firmemente y buscando la flotabilidad, y si se dispone de un flotador colocarlo entre su pecho y la espalda de la víctima. En todo momento es importante hablarle al oído para tranquilizarlo y que colabore.

En el caso de que el afectado se encuentre en estado inconsciente, hay que sacarle la cara del agua lo antes posible. Una vez en tierra, hay que comprobar si el afectado respira y tiene pulso. En caso de que no sea así, significa que se encuentra en parada cardiorrespiratoria, y se debe comenzar a realizar masaje cardiaco, es decir compresiones torácicas hasta la llegada de los equipos de emergencias. Si la persona que asiste al afectado no sabe cómo realizar estas maniobras de reanimación, durante su llamada al 1-1-2 un médico coordinador del Servicio de Urgencias le prestará teleasistencia indicándole cómo actuar.

Si la persona comience a respirar, puede que tosa y tenga dificultad para respirar. Ante esta situación, lo adecuado es tranquilizarla y colocarla en la posición lateral de seguridad hasta que llegue la ayuda sanitaria.