La mayoría de niños que acuden a guardería sufren de 8 a 12 resfriados al año y uno o dos episodios de diarrea. Los virus son los principales responsables de los resfriados o la gripe y ocasionan las enfermedades más comunes en los centros de cuidado infantil. Hasta una infección vírica por semana pueden llevarse a casa los niños que van a la guardería , sin necesidad de existir ninguna patología de base, especialmente los menores de dos años de edad.

Aunque su hijo esté vacunado puede contagiarse de otras enfermedades infecciosas comunes tales como resfriados, dolores de garganta, vómito, tos y diarreas. No obstante, para reducir el riesgo de enfermar, los proveedores de cuidado infantil, y todos los niños que ellos cuidan deben estar al día con sus vacunas según recomienda el calendario del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría y cualquier niño con síntomas de una enfermedad respiratoria (tos, goteo nasal o dolor de garganta) y fiebre debe ser excluido temporalmente de la guardería. Este niño puede volver cuando se le haya pasado la fiebre (sin el uso de medicamentos para reducir la fiebre), y el niño pueda participar en las actividades normales

Cuando los niños están juntos, existe la posibilidad de que se propaguen las enfermedades. Esto es el caso en especial de los bebés y los niños pequeños que suelen limpiarse las nariz con las manos o frotar sus ojos y luego cogen juguetes o tocan a otros niños. Estos niños a su vez, se tocan la nariz y frotan sus ojos y así es como el virus viaja de la nariz a los ojos o de un niño a otro por medio de las manos o juguetes de el siguiente niño que los toca.

Este aspecto es uno de los que más preocupa a los padres. Sin embargo, ante este temor se alza el hecho de que muchas de estas enfermedades, aunque aparatosas, son comunes, y , normalmente, cursan y desaparecen por sí mismas con pocas probabilidades de complicación si se detectan y tratan a tiempo. No obstante, en determinados casos su frecuencia, intensidad o repercusión sobre la calidad de vida del pequeño paciente pueden aconsejar separar al niño de este ambiente durante un determinado tiempo. Por su etiología vírica la mayoría de los casos no van a precisar del uso de antibióticos, pero si que van a precisar de una evaluación personalizada por un especialista .

Las infecciones de guardería más frecuentes en nuestro medio son:

 

1º. Catarro de vías respiratorias altas y/o faringitis aguda

Son las dos infecciones de vías aéreas superiores más frecuentes. Los síntomas del catarro común son fiebre, mocos y congestión nasal, de carácter leve, aunque se acentúa la sensación de dificultad respiratoria en los más pequeños. Puede disminuir el apetito y aparecer vómitos y, en el caso de la faringitis, dolor de garganta y tos asociada a secreciones.

Estas infecciones no tienen tratamiento específico y desaparecen en cuestión de días. Se pueden usar antitérmicos para controlar la fiebre y reducir el malestar general. No siempre se recomienda el uso de mucolíticos o expectorantes, pues no están exentos de efectos secundarios, siendo el médico quién valorará su conveniencia o no en cada caso. Asimismo, no se recomiendan los antitusivos, pues la tos es un mecanismo de defensa del cuerpo necesario para limpiar de secreciones la vía aérea.

 

2º. Infecciones de oído

La otitis es una inflamación del oído medio, habitualmente derivada de un cuadro infeccioso respiratorio previo, por acúmulo de secreciones mucosas. Los niños son más vulnerables a esta infección por las características particulares de sus trompas de Eustaquio, más cortas, horizontales y anchas. Además de los mocos en las fosas nasales, los ruidos en garganta que éstos provocan y la tos, la otitis puede presentar, asociado o no a fiebre y dolor de oídos que habitualmente es mayor cuando el niño está tumbado.

En muchos casos esta infección tiene resolución espontánea en 2 o 3 días con un tratamiento de gotas óticas con antiinflamatorios, que ayudarán a bajar la inflamación del tímpano y los tejidos circundantes para que el moco pueda salir. Si lo considera el pediatra, en determinados casos pueden precisar tratamiento antibiótico.

 

3º. Conjuntivitis

Se trata de una inflamación de la conjuntiva, la membrana que envuelve el ojo por la parte blanca del ojo y el párpado por dentro. Es una infección frecuente en edades tempranas que se produce por irritación, ya sea por alergia o por infección. La irritación produce rojez y el ojo aumenta la producción de lágrima como mecanismo de limpieza. Cuando las lágrimas se sobreinfectan aparecen las legañas, lo que agrava la sensación de «arenilla», y un dolor leve, que suele sentirse como si fuera picor.

Su tratamiento requiere generalmente menos de una semana de antibiótico en colirio, hasta que el niño amanezca al menos dos días consecutivos sin secreciones y con los ojos normales.

4º. Herpangina y enfermedad ‘boca – mano – pie’

La herpangina es una infección muy común en edades tempranas caracterizada por la aparición de puntitos rojos en la parte posterior de la boca, que se convierten posteriormente en pequeñas vesículas, llagas o úlceras que pueden ser dolorosas. La enfermedad boca-mano-pie está causada por el mismo virus (Coxsackie) y , por lo general, el primer síntoma es la fiebre, pero después de unos días también pueden aparecer otros síntomas, tales como irritación de la garganta y ampollas o ulceraciones en la lengua, encías, parte posterior de la garganta e interior de las mejillas. También aparecen lesiones similares a ampollas, de color rojo a gris-blanquecino, en las palmas de las manos y plantas de los pies. En algunos casos, puede presentar un sarpullido de color rojo en los muslos, nalgas y región inguinal. Los niños afectados por este trastorno suelen sentirse indispuestos y perder el apetito.

No existe un tratamiento contra este virus, que se propaga por contacto o respiración con extrema facilidad. Los puntos y úlceras desaparecen por sí solos en 10 días. Tienen un periodo de incubación de 3 a 6 días durante el cual un niño puede contagiar a otro aun sin mostrar siquiera los primeros síntomas. Se pueden administrar antitérmicos para aliviar la fiebre y el dolor. Es básico una buena higiene para evitar la propagación, así como aplicar al paciente las medidas higiénico – dietéticas necesarias para mantenerlo bien hidratado. Puede pasarse la infección en más de una ocasión hasta adquirir la inmunidad suficiente.

5º. Roseola, exantema súbito o ‘sexta enfermedad’

Se le llama ‘la sexta enfermedad’ porque se descubrió después de las otras cinco enfermedades exantemáticas más conocidas: sarampión, escarlatina, rubéola, varicela y megaloeritema. El cuadro empieza con fiebre muy alta (puede alcanzar los 40.5° C) unos días antes de que aparezca una erupción cutánea que comienza en el tronco y se extiende a las extremidades. La erupción, de pequeños puntitos rosados que no pican, durará entre 3 y 7 días, durante los cuales la fiebre va disminuyendo de intensidad. El niño puede, además, tener bastante mucosidad nasal, dolor de garganta y enrojecimiento de ojos. No existe tratamiento específico y la enfermedad finaliza, por lo general, por sí sola sin complicaciones. La fiebre, aunque es alta, responde bien a los antitérmicos.

6º. Gastroenteritis

La gastroenteritis es bastante frecuente entre los niños de guardería y en los primeros años de escuela, si bien la más habitual es la provocada por el rotavirus, contra el que existe vacunación. Se manifiesta con presencia de diarrea, vómitos, fiebre, dolor abdominal y con la presencia de sangre y moco en heces en muchos casos. Resulta fácil su transmisión por vía fecal-oral en los cambios de pañal o cuando los niños se limpian, por ello es necesario extremar las medidas de higiene, ya que si se tocan otros utensilios se producirá el contagio por vía digestiva.

El tratamiento pasa por una buena hidratación y una dieta astringente , siendo recomendable el uso de antibióticos en casos excepcionales en nuestro medio, solamente en el caso de que el cuadro sufra una evolución tórpida. Los probióticos son un aliado muy eficaz en estos casos para aumentar la flora bacteriana buena para el niño y disminuir los gérmenes más patógenos.

Aunque cada niño tiene un sistema inmunológico diferente y en cada entorno pueden aparecer diferentes tipos de virus, lo importante es el control por un especialista en cuanto aparezcan los primeros síntomas.