Ansiedad, obesidad, y somatizaciones del estrés son los problemas más frecuentes. 

No está del todo claro el mecanismo por el que los niños sufren menos el coronavirus que los adultos. Pero los datos muestran que entre ellos la mortalidad es casi nula, hay muchos menos casos y, cuando se dan, son, por lo general, mucho más leves. No obstante, la pandemia les va a pasar factura a ellos también.

El confinamiento está ya trayendo problemas de ansiedad, de obesidad, somatizaciones del estrés y educativos muy variados dependiendo de la edad, de la existencia de patologías previas y del medio familiar y social en el que se encuentran inmersos . El hecho de no poder esta en contacto con sus iguales, ni con sus profesores, que en esta edad son figuras de referencia importantisima; de no poder salir al parque a correr y a jugar, sumado a no entender qué pasa, al miedo, y a las condiciones que vean en casa, con padres que pueden haber perdido su trabajo o con abuelos enfermos o en riesgo de estarlo , les genera ansiedad, frustración, estrés, que no saben elaborar porque no tienen aún las herramientas emocionales necesarias para ello.

Así mismo el desconfinamiento de los niños, es un proceso delicado, ya que, además de garantizar el bienestar de los niños, se ha de tener en cuenta que son grandes transmisores de la enfermedad y que han de estar acompañados siempre por un adulto. por lo que hay que hacerlo sin que suponga un riesgo para ellos o para el conjunto de la sociedad

Durante el tiempo de confinamiento se han duplicado las consultas al pediatra más emocionales: pesadillas, terrores nocturnos, desórdenes del sueño, trastornos de alimentación… y también, a nivel afectivo, mucha sensibilidad, llantos injustificados, están introvertidos, no cuentan las cosas y explotan por cualquier causa. Muchos están aterrados porque creen que se van a morir los abuelos, o van a perder el trabajo los padres. Muchos de los motivos de consulta se deben a la somatización, es decir que «expresan con el cuerpo lo que no pueden nombrar con las palabras” : dolor de cabeza muy intenso, de tripa, torácico, palpitaciones, molestias en el pecho o dificultad para respirar y en realidad cuando profundizas en su historia clínica surge la causa, es la escenificación de la ansiedad que están viviendo; no saben ponerle nombre y la manifiestan así”.

Un capítulo aparte merecen los niños con disfunción neurológica previa , como los trastornos del Espectro Autista o niños con hiperactividad que han estado sometidos, tanto ellos como sus familias, a un sufrimiento real con el confinamiento.

También se están viendo un incremento de emergencias por intoxicaciones o cuadros relacionados con accidentes domesticos.

Los niños sanos enferman por falta de movimiento y socialización. El ejercicio físico es clave en la infancia para la regulación emocional. El encierro aumenta la irritabilidad, los trastornos del sueño y de la alimentación, y para abordarlo hacen falta medidas como el ejercicio, las rutinas,etc.

En el lado positivo de esta crisis se sitúan aquellos niños con patologías vinculadas al acoso, o al miedo social. «El aislamiento los mantiene alejados de lo que provoca su patología,»

Estudios previos sobre el impacto del aislamiento en anteriores pandemias y tras desastres naturales o grandes catástrofes, la mayoría realizados en adultos, arrojan que “hay una ratio cuatro veces más alta de estrés postraumático en niños en cuarentena que en niños que no han estado en esta situación”.

el estrés postraumático es un trastorno psiquiátrico grave que necesita intervención medicalizada y que solo se puede diagnosticar cuatro meses después de la exposición al evento en cuestión que haya causado el impacto. Hasta llegar a ese diagnóstico, si se llega, lo que podemos padecer es estrés agudo.

 

Muchas de las reacciones que estamos viendo ahora en los niños son fruto de ese estrés agudo, como desajustes emocionales, que les cueste más dormir, tics nerviosos, miedos, irritabilidad, regresiones como hacerse pis encima o no querer comer solos”, es crucial que desde las familias se trabajen esos síntomas para tratar de evitar que vayan a más.

Tenemos que hacer todo lo posible para que ni ellos ni nosotros enfermemos. Para ello, aconsejan los expertos, hay que hablar con los hijos de los miedos que tengan, de la tristeza que sienten de no poder abrazar a sus amigos, desde la empatía, aportándoles tranquilidad y sobre todo esperanza; explicándoles que volverán a jugar con sus amigos, ir al colegio, ver a sus abuelos. También, ofrecerles actividades de descarga emocional, como espacio para correr y saltar; estructurar sus días con unas rutinas, esenciales para darles seguridad. Y, sobre todo, darles mucho afecto mediante contacto físico, besos y abrazos.

Como ocurre también con los adultos, no todos los pequeños están viviendo el confinamiento igual. La edad es un factor importante, hasta los dos años aproximadamente, si los padres están bien, los niños están bien. A partir de entonces depende mucho del propio niño, de su capacidad de resiliencia, y también de cómo gestione la familia la angustia y la incertidumbre, de cara a aportarle un entorno seguro y estabilidad. Si la gente logró sobrevivir a los campos de concentración y llevar una vida plena y saludable, no hay por qué dudar que los niños también lo harán.

La exposición a la luz solar directa o indirecta resulta esencial para mantener una buena salud, especialmente en los niños. Así aseguramos una adecuada producción de Vitamina D, que interviene en el desarrollo de los huesos y en la función del sistema inmune. Estudios recientes apuntan que es suficiente con 30 minutos de exposición semanal al sol de tarde en un 40% del cuerpo, para que se produzca la cantidad de vitamina D que los más pequeños necesitan o de al menos 10 minutos al día, sobre la cara, brazos y piernas. Además, se debe asegurar un buen aporte de pescado azul y lácteos para que, incluso en estos momentos, no sea preciso administrar suplementos.

Por otro lado, es importante respetar el ciclo día-noche, favoreciendo las actividades matutinas con el máximo de luz natural posible. El descanso nocturno conviene realizarlo en ambientes con mínimos de luz y ruido. Esto resulta esencial para que se regule el reloj biológico, especialmente en las primeras etapas de la vida.

Otro aspecto a tener en cuenta es que los bebés necesitan un aprendizaje continuo. En esta etapa de la vida aprenden a comer, a moverse, a hablar y a relacionarse, además de formarse su personalidad. Por ello, es importante considerar todos estos aspectos para que se creen buenos hábitos de salud como comer solos, comportarse bien, o lavarse las manos o los dientes

Quedándonos en casa por la alerta del coronavirus podemos caer en la tentación de relajarnos y que los niños permanezcan pasivos o con un aprendizaje mucho más ralentizado, aburridos. Incluso crear un ambiente de desorden con pautas descontroladas en el sueño, en los horarios de comidas, o incluso en la forma de ser del niño con episodios de impaciencia, irritabilidad o rabietas. Nada recomendable.

Para compensar estos posibles efectos negativos en lo bebés o niños menores de 2 años promovidos por este confinamiento, podemos seguir unas sencillas recomendaciones.

Recomendaciones para lactantes:

Los recién nacidos o lactantes menores de 3 meses suelen pasar mucho tiempo en casa, y generalmente solo comen y duermen. El hecho de que el confinamiento ocurra en el tránsito del invierno a la primavera puede limitar simplemente algún paseo al aire libre. Aunque como suelen estar bien tapados en el cochecito, incluso en condiciones normales resultaría difícil cumplir las recomendaciones del pediatra de exponer su piel a la luz solar.

En la situación actual, los lactantes pueden dormir cerca de alguna ventana que tenga luz, de forma que al menos las manos y la cara puedan recibirla. Lo que sí se debe considerar, al igual que en bebés de edades más avanzadas, es que, especialmente en momentos de siestas y durante la noche, deben estar en un espacio sin ruidos y mantener una rutina en los horarios de la comida y el descanso.

Hasta un año, estimulación psicomotriz: En los niños de más de 6 meses es importante, aún estando en casa, dedicarles tiempo para realizar una estimulación psicomotriz adecuada y aprovechar la situación de confinamiento familiar para dedicarles más tiempo.

Los hermanos pueden hacerles reír, enseñarles objetos para que los cojan, o dejar que gateen en casa detrás de ellos. Eso sí, manteniendo la higiene de todos los miembros de la familia (y de la vivienda).

El hecho de estar confinados no debe implicar dejar al niño sentado en la silla o despierto en la cuna sin ningún otro estímulo.

En los que ya manejan instrumentos, se pueden trabajar los trazos, aprender a coger cubiertos, así como incorporar nuevas palabras u onomatopeyas aprovechando los sonidos que se escuchan por la ventana. También podemos aprovechar esta circunstancia para incidir más en diversificar la alimentación y dedicar más tiempo a probar nuevos alimentos o texturas. De hecho, estar en casa no debe ser excusa para ceder en el tipo de alimentos que consumen, sustituyendo la alimentación más saludable por la más apetecible u ofreciéndola fuera de los horarios de las comidas. En estos días, tendemos a preparar más dulces caseros o a picar entre comidas. Esto debería estar controlado, también en los niños pequeños, que están adquiriendo hábitos. Igualmente, se deben respetar las horas de sueño y una rutina adecuada. Este periodo de confinamiento no debe implicar que, al tener un horario más flexible, tengamos que ceder en el momento de acostarse, en el modo de dormir (por ejemplo, con los padres en la misma cama si ya dormían solos) o en el número de horas de sueño.

Recomendaciones para Exploradores de 1 y 2 años: Quizás los que más noten las limitaciones de este aislamiento sean los niños mayores de un año, que comienzan ya a andar, y quieren salir a explorar y moverse continuamente. En este caso, debemos mantener la calma y la paciencia, y buscar otras opciones. Por ejemplo, bailar con música infantil, enseñarles a saltar, subir o bajar escalones, o realizar ejercicios en el suelo, como movimientos de bicicleta con los pies. En cualquier caso, se debe asegurar la actividad física, incluso dentro de casa.

Cuidado con los accidentes domésticos. Hay que hacer especial mención al cuidado extremo para evitar los accidentes domésticos, que están aumentando en este periodo de confinamiento. Conviene controlar los accesos a productos de limpieza o medicamentos, asegurar bien que no puedan acceder a ellos, y cuidar también que no se metan piezas pequeñas de juegos por orificios nasales, oído, o que puedan ingerirlos.

Además, aunque conviene promover la actividad física, esta debe ser supervisada por un adulto. Sobre todo para evitar caídas o traumatismos, que son frecuentes al saltar en una cama, o resbalar por una escalera.