Existen alternativas validas a la lactancia materna

La lactancia materna es fantástica… cuando se puede. Sus beneficios son incuestionables, pero hay mujeres que sufren y no todas pueden satisfacer al bebé como ellas desean. Tampoco en la lactancia existen verdades absolutas y no se puede adoptar un pensamiento único para todos los casos. Hay que personalizar cada actuación y adaptarla a las necesidades y expectativas del usuario, respetando sus propias decisiones. Es importante detectar los problemas antes de que salgan del hospital, informar debidamente, apoyar, asesorar basados en la evidencia cientifica que oseemos, adaptarla a nuestro ambito de actuación, cuyas circunstancias no son universales, y no culpabilizar a ninguna madre. Existen alternativas validas para cuando la lactancia materna no es posible . Por su interes reproducimos y comentamos el articulo publicado en El Pais/ Buena vida / Salud por Verónica Palomo el 24 de Mayo 2019:

Natalia cuenta que tuvo un embarazo sin problemas y un parto natural. Su hijo, un niño sano y fuerte, nació con 3,1 kilos e inmediatamente se puso a mamar, y ella no tiene buenos recuerdos de aquellos días. «Lo primero que hice fue el contacto piel con piel, y el niño fue rectando hasta que subió al pecho y comenzó a succionar espontáneamente. Pero se había prendido mal, el primer enganche ya no estuvo bien y al poco tiempo comenzó a dolerme el pecho y pude observar que tenía grietas en el pezón», relata. A pesar de las molestias, el bebé estuvo mamando todo el día, y al final se quedó dormido. Natalia, agotada tras el parto, también. «Unas cinco horas después, apareció una matrona que me despertó con gritos, regañándome por haberle dejado dormir tantas horas. A mí, en aquel momento, me parecía normal. Me lo colocó de manera muy brusca al pecho, que me sangraba, y me dio un par de instrucciones sobre la posición adecuada y se marchó. A las 48 horas me dieron el alta y llegamos a casa tan felices». Esa noche, la mujer y su pareja se dieron cuenta de que el niño tenía un color morado, los labios arrugados y estaba muy adormilado. Corrieron a urgencias, donde les confirmaron que estaba deshidratado porque no había estado sacando nada de leche.

«Lo pasé francamente mal porque, además de sentirme culpable, tuve que ver cómo mi niño de dos días no paraba de llorar mientras intentaban sacarle sangre. Allí me dijeron que eso me pasaba por insistir con la lactancia materna en exclusiva, que es fantástica, cuando se puede. Le dieron un biberón y me hicieron prometer que solo si mantenía la lactancia mixta me dejaban marchame a casa con él». Con esta estrategia, pezoneras y extrayendo la leche consiguió aguantar hasta que el bebé cumplió tres meses, cuando tuvo una mastitis, una dolorosa inflamación del tejido mamario. «Pero lo peor de la lactancia no fue el dolor, sino la culpa. Tenía tanta vergüenza por estar dando el biberón a mi hijo que si me preguntaban mis amigas qué tal me iba, les mentía. La tortura me acompañó hasta el punto de que, si mi hijo tenía una bronquitis, pensaba que era porque no estaba inmunizado, evidentemente por mi culpa. Hasta el día de hoy, que veo a una mamá dando el pecho a su hijo y pienso que es una pena que yo no pude».

Hay muchas mujeres que cuentan experiencias muy parecidas a la de Natalia. Lo relatan en los foros de maternidad o en las redes sociales de grupos de lactancia, pero lo hacen sin hacer demasiado ruido, algunas bajo el anonimato y aún con esa sensación de que han hecho algo malo. «Pero tienen que saber que cuando una madre percibe la lactancia como un fracaso personal es que el sistema le ha fallado, no que ella ha hecho algo mal. Las madres que quieren dar pecho saben muy bien que tiene beneficios para la salud de su hijo y también saben nombrar los problemas típicos que surgen de la lactancia, lo que una mujer nunca se puede imaginar antes de tener a su bebé es lo difícil que puede resultar el proceso, y aún menos lo que significa hacerlo con la sensación de que les falta confianza, con un dolor intenso en el pecho y una preocupación por el bienestar del bebé».

El panorama de casi todas las familias que pasan por ello es parecido. La madre, que estaba decidida a dar el pecho, comienza a dudar de su capacidad. El padre, por otra parte, siente que lo más importante es que el bebé esté bien alimentado, coma lo que coma. Y el resto de la familia insistiendo: dale biberones y déjate de tonterías. Pero la lactancia materna es un tema complejo; hablar de culpa de las madres o de los profesionales no tiene sentido, ya que no es veraz y ni construye ni cambia nada. Precisamente debido a esta complejidad, la solución no pasa por adoctrinar a las madres sobre la importancia de la lactancia ni por culpabilizarlas si la lactancia falla». Porque puede fallar, aunque durante años nos hayan estado diciendo lo contrario.

El bebé no siempre come, aunque lo parezca

La estrategia que lanzó la Organización Mundial de la Salud (OMS) junto con UNICEF para incrementar las bajas tasas de lactancia que se estaban dando en el mundo – Consecuencia de las agresivas campañas de comercialización de la leche artificial efectuadas por las multinacionales del sector-, además de informar de todos los beneficios que la leche materna tiene frente a la leche de fórmula, lanzó el mensaje de que todas las mujeres están capacitadas para dar de mamar, que absolutamente todas pueden producir leche y que, para conseguirlo, solo había que insistir en ello. Pero han pasado los años y la evidencia científica ha demostrado que hay madres que no pueden producir la suficiente como para amamantar en exclusiva a su bebé. Las expertas en lactancia señalan que hay que una diferencia entre ser capaz de generar leche y que el bebé sea capaz de obtener la suficiente que necesita, que no siempre puede y es lo que causa la hipogalactia, la baja producción de leche.

Es complicado conocer la causa exacta de por qué se produce en unas mujeres y no en otras, e incluso en la misma mujer en diferentes procesos de lactancia, pero puede ser porque el niño no está succionado bien, o sin la fuerza necesaria para obtener suficiente alimento, porque se instauró tarde la lactancia o porque no se le puso al pecho con la frecuencia necesaria. También por el estado de nerviosismo o cansancio de una madre que está asustada, o porque el niño tenga algún problema físico que se lo esté impidiendo …. Entre todas las posibles situaciones, algunas son transitorias, con apoyo, información y práctica se pueden llegar a superar, pero otras no se pueden corregir y hay que optar por la retirada. «La lactancia no es una enfermedad o una condición que se va a resolver en unos minutos en la consulta de un médico, tampoco hay una receta cuyos pasos se puedan seguir de forma estricta. Cada madre y cada bebé son únicos y lo que le va bien a una madre, no necesariamente le irá bien a otra».

Sin poner en ningún momento en duda los beneficios de lactancia en exclusiva de los niños de 0 a 6 meses, a nivel universal todo son beneficios y no tiene riesgos, aunque tambien esta “máxima” tiene que estar personalizada , tampoco hay que ocultar que una lactancia mal implantada sí los tiene. Puede causar malnutición e incluso deshidratación hipernatrémica del lactante, una patología que se produce debido a la falta de una ingesta suficiente debido al desconocimiento de la técnica de lactancia, y que consiste en la pérdida de agua y sales minerales. Esta situación, en un organismo de apenas unos días de vida, puede llegar a provocar daños neuronales importantes.

Desde hace años son muchas las publicaciones médicas que se han hecho eco del aumento de casos de niños que tienen que ser ingresados a los días de nacer por este problema. El neonatólogo David López, autor de uno de los estudios con recién nacidos españoles, explica que los especialistas comienzan a hacer estudios cuando les resulta llamativo un aumento en el número de casos de determinada situación, con la intención de comunicarlo a la comunidad médica, pero, desafortunadamente, sus percepciones no llegan siempre a la población general. Es lo que ocurre con la deshidratación hipernatrémica. El especialista detalla que es una patología que puede tener consecuencias importantes, «ya que el cerebro del bebé es muy vulnerable y, en caso de que una deshidratación grave pasara desapercibida, podría producir incluso la muerte». Eso sí, también señala que «es algo inusual porque los padres siempre suelen consultar antes de que la situación pueda ocasionar secuelas». Se dan cuenta de que algo no va bien cuando ven a su hijo «que no mojan los 5 o 6 pañales diarios que deberían, tienen la boca seca y pastosa o poco tono muscular, como un muñeco de trapo y en resumidas cuentas un mal estado general», detalla el neonatólogo.

Cuando un pequeño llega con síntomas de deshidratación al hospital se le saca sangre y los pediatras hacen una gasometría, una prueba para comprobar el nivel de deshidratación. También comprueban los niveles de sodio, potasio, cloro y de glucosa, ya que si no ha comido lo suficiente pueden estar muy bajos. Le ponen una sonda digestiva o un goteo con suero intravenoso en caso de estar desnutrido y, si la bilirrubina está muy alta, recurren a la fototerapia, además de un aporte de glucosa si estuviera hipoglucémico. Pero si los niveles no estuvieran muy alterados, si la deshidratación fuera leve, lo que se les suele dar es leche (un biberón) y recomendar a los padres que, de momento, sigan con la lactancia mixta.

«Estoy absolutamente a favor de la lactancia materna en exclusiva y absolutamente en contra de dejar a un niño pasar hambre para conseguirlo». Es una frase de la Christie del Castillo-Hegyi, fundadora de fedisbest.org e investigadora en la Universidad de Brown, en Estados Unidos, además de madre de un pequeño que nació con casi 4 kilos de peso, pero que terminó en la UCI por un caso severo de deshidratación tras una mala implantación de la lactancia. Y todo a pesar de que esta médico contaba con mucha información y había acudido a las clases de preparación al parto y a diferentes grupos de lactancia. Su hijo consiguió salir del hospital, y a raíz de aquello creó una fundación que lucha por aportar educación y recomendaciones de seguridad a los padres para prevenir complicaciones por la alimentación insuficiente.Esta doctora defiende, entre otras cosas, que se informe a las madres de la posibilidad de que su hijo pueda deshidratarse, contraer ictericia e hipoglucemia por una toma insuficiente de leche materna y que estos problemas pueden provocar secuelas neurológicas. «¿Por qué se oculta en la preparación al parto?», se pregunta. «Hay que advertirles de que si el niño no duerme, pide de mamar continuamente, llora repetidamente, está aletargado, presenta baja temperatura corporal y un ritmo cardiaco muy bajo, son señales de que al cerebro no le está llegando la glucosa necesaria». En todo caso la recomendación fundamental es que desde que se perciban indicios de que las cosas no van bien consulte con su pediatra.

Un artículo publicado en JAMA Pediatrics, una revista de la Asociación Médica Americana, pone en tela de juicio algunas de las directrices de prácticas amigables en los hospitales que marcó UNICEFF en 1991 para favorecer la lactancia (llamada Los 10 pasos hacia una lactancia natural exitosa, orientada a los llamados «hospitales amigos del niño»). Básicamente, dice que su enfoque de promocionar la lactancia está fallando, para empezar por la política de los hospitales de practicar el contacto piel con piel, que hay que seguir haciendo porque nadie duda de sus beneficios; los que sí están bajo la lupa son los de dejar a la madre y al niño solos tanto tiempo. El artículo recomienda que hay que hacer un seguimiento constante dentro del hospital, pero también una vez dada el alta. Otro punto que critica es la instrucción que se ha estado dando a los hospitales de negar la leche de fórmula cuando una madre la solicita, ya que está demostrado que puede ser un refuerzo en ocasiones necesario tanto para el bebé como para la madre, a la que tranquiliza saber que su hijo ha comido.

Un ensayo reciente realizado por pediatras de la Universidad de California y publicado en la revista The Journal of Pediatrics demostró que unos 10 mililitros de leche de fórmula como refuerzo a los recién nacidos que estaban perdiendo peso no interfirieron a la hora de implantar la lactancia materna, ya que al mes de vida la gran mayoría siguieron agarrándose al pecho. Además, al examinarse su microbiota intestinal se vio que tampoco se había visto afectada, sin presentar diferencias con los bebés que no tomaron el refuerzo. Lo que sí se observó es que se redujo la tasa de ingresos por deshidratación en los niños que tomaron la fórmula, ninguno tuvo que ser ingresado, mientras que sí que tuvieron que ser atendidos 4 bebés de los que no la tomaron.

Otro punto que critica el artículo publicado enJAMA es que se deberían prestar más atención a los programas de sueño materno establecidos. Una madre debe dormir sus horas porque estar descansada está estrechamente relacionado con una buena implantación de la lactancia. En otras palabras, se puede fomentar la lactancia sin que se convierta en el centro de atención de la maternidad. Algunas conciencias se han tenido que remover porque lo cierto es que las matronas de Reino Unido se han replanteado la postura de presión que han tenido hasta ahora con las madres que no daban el pecho. Las matronas reconocen su error: que presionan demasiado. El colegio de matronas británico ha escrito una carta recomendando que a partir de ahora hay que centrar la atención médica en la mujer, no en la alimentación. Estas profesionales reconocen que 4 de cada 5 mujeres que tienen un niño comienzan a darle el pecho (es decir que sí que hay voluntad y que conocen los beneficios), pero que apenas un 43% aguanta las 8 semanas haciéndolo, además de admitir que todas estas presiones han hecho a la mujer sentirse culpable, una sensación de fracaso importante que a veces tiene nombre: depresión. Lo indica una investigación realizada conjuntamente por las universidades de Sevilla y Cambridge que, además de demostrar que sentir que has fallado en la lactancia está vinculado al desarrollo de una depresión postparto, recomienda escuchar a la madre y respetar sus decisiones.

Hay que apoyar a las iniciativas sociales prolactancia, porque estos grupos o talleres, además de haber mostrado tener intervenciones muy efectivas, reducen el gasto sanitario, porque muchas veces es en ellos donde los padres aprenden a reconocer si el bebé está comiendo lo suficiente. Por último, debe haber una protección política de la maternidad porque, en España, la vuelta al trabajo es la segunda causa del abandono precoz de la lactancia (según la Encuesta Nacional de Salud, el 71% de las madres da el pecho durante las seis primeras semanas de vida de sus bebés; este porcentaje se reduce al 66% cuando tienen tres meses y al 47% a los seis meses)».

Y mientras esto ocurre, no deberíamos demonizar la leche de fórmula.«si demonizamos la fórmula, también corremos el riesgo de avergonzar a las mujeres que deciden no amamantar y es importante mantener la perspectiva de que hay muchas formas de ayudar a tus hijos a crecer fuertes y sanos. Hay miles de circunstancias, tantas como padres, y por muy valioso que sea el amamantar, la maternidad es mucho más que la lactancia».